jueves, 16 de diciembre de 2010

La acusada se declara...

CULPABLE.

Culpable de tener sentimientos, que le hacen padecer flores congeladas y ardiente miedo, con cada una de aquellas sonrisas que el testigo le regalaba.
¿La condena?
Su cuerpo sigue vivo, es suficiente castigo.

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