sábado, 25 de diciembre de 2010

Comercialismo se viste de neón por las calles de la ciudad.

No me gustan los regalos; ni las listas para pedirlos, ni las prisas para hacerlos. No me gusta que la gente sonría al abrirlos, ni tampoco que haga una mueca inexplicable para disimular que los odia. No me gusta ver docenas de "Papás Noel" en las tiendas, dándole caramelos a los más pequeños mientras mamá hace las compras, fundiendo sus tarjetas cuando fuera también está algún mendigo, que no tiene ni donde caerse muerto.
Sinceramente, aborrezco todo lo relacionado con ello.
Con ello, y con los villancicos y las luces de colores por todas partes, con esa felicidad tan poco sincera, con ese derroche de sonrisas hipócritas, de energía, de todo.

Venga, es Navidad.

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