sábado, 4 de diciembre de 2010

His perfect girl.

Su melena dorada y lisa caía por sus hombros y espalda. Los mechones más largos de su pelo picado alcanzaban más de media columna.

Un flequillo recto se colocaba ordenado sobre su frente, cubriendo las cejas, pero sin permitir ocultar sus ojos que, verdes como ningunos, atraían a los valientes curiosos que se atrevían a sostener su mirada. Unas rubias pestañas envolvían y destacaban estas esmeraldas. Esmeraldas. Una definición que se ceñía a la realidad y describía correctamente el valor de sus ojos: el de gemas.

Y bajo esos luceros de tonos –en ocasiones– marinos, resaltaba su nariz, pequeñita y coqueta, que transmitía dulzura e inocencia, y recreaba, inconscientemente, aquellos momentos alegres y despreocupados de la infancia.
Exceptuando alguna que otra peca que poblaba sus sonrosados cachetes, esos que le daban aspecto aniñado a su rostro, su tez pálida como la porcelana era uniforme y suave, totalmente deseable.
Su cara, realmente, inspiraba admiración, pero al encontrarse mi mirada con sus carnosos y sensuales labios –que al separarse me regalaban la oportunidad de vislumbrar una preciosa y blanca dentadura– perdía cualquier intención de quedarme quieto, observando su inmejorable figura, dibujada tras sus ropas ajustadas, que permitían imaginar a la perfección sus prominentes pechos.
Y más allá de su fina cintura, se hallaban sus piernas, delicadas y gráciles, atractivas, tentadoras.
Ella, mi musa rubia, la joven que parecía sacada de un cuento sin final se convertía en alguien prácticamente de ficción por ser tan celestial creación de la naturaleza. Todas las gracias estaban en armonía en ella, provocando que se disparataran mis hormonas en cada sonrisa, con un dulce guiño o con una simple mirada de sus apasionantes ojos esmeraldas.


Escribía sobre una chica realmente increíble, y no era yo.

Una lágrima recorrió mi mejilla, mientras mi corazón de cristal estallaba en mil pedazos que se clavaban en mi piel y me hacían sangrar.




No... ella nunca podría ser yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario