domingo, 5 de diciembre de 2010

¿De nuevo por aquí?

Octubre ha entrado en la ciudad de Londres tan puntual como sus habitantes. Me asomo al balcón y el sol me calienta la piel. 

Noto una brisa fría en la cara, y me recuerda el día en el que te marchaste, porque me acariciaste las mejillas con los dedos helados. 
Me estremezco. Tú, otra vez por aquí, en mis recuerdos. Parece que ese aire que se lleva las hojas me susurra tu nombre en su ulular, que te hace regresar a mi vida y con ello, te incorpora también a mi sonrisa, que ahora es tan vacía, tan poco sincera, que incluso me da pena. Le faltas tú, le faltas tú y todos esos paseos por Hyde Park, por las avenidas, esos desayunos de magdalenas y café, le faltan tus locuras de Sombrerero en la hora del té, le falta ese sabor tuyo en los labios. 
Como tantos otros días, asomada al balcón, mi subconsciente es capaz de imaginar que vuelves a por mí, y escucho tus llaves girando el pomo, pero ya no me inmuto. A veces, incluso, puedo percibir la corriente que se crea al abrir la puerta y cómo se escuchan tus pasos llegar silenciosos hacia mí, como los oigo en este momento. Pero no había conseguido esperanzarme tanto como para notar tus manos abrazarme la cintura, y tu barbilla apoyarse en mi hombro, sintiendo ese calor tan tuyo que me reconforta, ni había logrado sentir tu respiración en mi cuello… como está pasando ahora.

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