domingo, 5 de diciembre de 2010

Cuidar de las estrellas puede ser un buen castigo.

Es maravilloso observar todos esos deseos fugaces en la infinidad de la noche, ver cómo nacen y cómo se apagan.

Quizá ellas sean sueños, que se escapan por tu ventana cuando estás, estoy, estámos dormido.

Oh, ¡mírate! ¡mírate ahí! mi preciosa supernova...

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