sábado, 25 de diciembre de 2010

Bipolaridad.

Me tengo el corazón de acero, caliente, infranqueable, forjado de valor y lazos (composición indefinible, pero fuerte...) Aunque, cielo, nadie vive con medio corazón. Al fin y al cabo, soy humana. No sé quebrar las leyes naturales para sobrevivir.

Siempre me quejo mientras fumo, y contamino mis últimos respiros de pensamientos amargos que me raspan la garganta.
Será cabrón, repito constantemente, con mueca disgustada mientras expulso suave el humo, con la cabeza del revés, apoyada en el brazo del sillón.
Me lo robó, el tiempo y media vida. Dale otro sorbo a ese poco vodka que queda en el vaso con hielo. Y al tabaco, también, olvida el espejo...

¿Cómo se olvida en dos días o en tres lo que hubieras esperado toda una vida? -me pregunto-. Otra decepción más a la lista, ¿o no? Él no me sirve de nada, ahora no. Estuvo bien la diversión, el morbo -respiro-. Qué pena que para mí fue un juego y amor. No, en realidad no. Me hace daño y me gusta. Yo soy la persona, la distorsión y mis sueños de crearme en perfección.

Pero me hace daño...

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