domingo, 5 de diciembre de 2010

Compartirlo, contigo.

-Si no quieres hablar, te callas, pero me escuchas, y dejas paso a mi apasionante e insólito monólogo de sensaciones esbozadas con la timidez de un lápiz suave en cada una de las palabras recitadas en mi discurso.
-¿Y si con esta intervención quiero convertirlo en un diálogo recíproco en el que solo participásemos tú y yo?

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