jueves, 23 de diciembre de 2010

La antítesis fugaz.

Ella cogió el teléfono, y al recibir la contestación, en un segundo, su cara empalideció. Nosotras solo escuchábamos las palabras que le decía a la persona que estaba en el otro lado de la línea, pero no debía ser bueno.
-Sí, dime.
>>¿De verdad?
>>... Bueno, bien... sí. Gracias.

Fin de la llamada.
Nos miró, con los ojos cargados de un sentimiento que aún no lograba descifrar y bajó la mirada, completamente desgarrada, hasta que me dispuse a abrazarla y de repente levantó la cabeza con una sonrisa pícara, maliciosa, dibujada en los labios, enmarcada en un gesto de burla.
-Cabrón.

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