jueves, 30 de diciembre de 2010

31/12/10

Un gran día, dicen. ¿Se acaba un año?

Grandioso, ¿verdad? Unas pocas horas más me resultan bastante indiferentes.
Llénate esperanzas, si quieres pensar que será mejor este año que entra. Pero dilo siempre que necesites un cambio, hazlo con mañana, con la semana siguiente, con el próximo mes... O ahora mismo, ya puedes cambiarte. Cualquier momento de tu vida es bueno para cambiar, por supuesto; pero este convencionalismo del paso de ese treinta y uno al día uno solo hay una fracción de segundo. ¿En una fracción de segundo cambiará tu vida solo porque empieza otro año? Sabes que no.
Bueno, si quieres, hazte ilusiones. Aunque si prefieres que cambie tu vida, necesitas algún remedio desde ya.
No pongas esas estúpidas ganas en cambiar porque empiece un año, pónselas, si lo deseas, porque es beneficio para ti.

No te dejes llevar
más que por el corazón.

martes, 28 de diciembre de 2010

Distorsión.

Ya no sé decir si vivimos en futuro o existe, porque he olvidado si pienso en el presente o en el pasado y si esto que me has dado nos ha llevado a pararnos aquí, en este estado de lapsus donde nunca envejecemos.

A veces no me explico cómo transcurre el tiempo 
después de que lo nuestro 
dejase de ser verdad.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Hambre de progreso.

Tengo suerte de empezar a conocerme. ¿Por qué? Rivalizo con las leyes, con todas las normas. Soy problemática. Pero lo hago por justicia y no me canso de darle a nuestro cuerpo el alimento del que de verdad se nutre
que vivo del aire
de la ilusión
y de la fuerza que nace de esos labios nuestros
llenos de cicatrices.

Cataclismos.

Al ser importantes, los días que tienes tantas cosas que decir
(buenas, malas y atroces)
no sabes por dónde empezar
y al final nos inunda el silencio, el adiós y la incertidumbre
de lo que habría pasado.

Sabe a rayos.

Cuando no te nacen las sonrisas y tratan de prendar tus labios
con se te ve más guapa cuando estás feliz

Se te queda la boca con el saber de ese jarabe horrible
que no te gusta nada de nada
y hace que te regañes en una mueca inexplicable.

A veces no quiero curarme...
pero prometo no dejar la medicación.

aunque lo que me haga falta
son litros y litros
de los brillitos de tus ojos

Cuídame...

Si destrozas el arte,
(nuestro arte)
te pediría que reparases mi corazón.

si me rompes
me destruyo.

domingo, 26 de diciembre de 2010

(siempre, amigos)

Cuando te faltan ganas para ver a alguien, cuando estás en el cénit del desfavorecimiento por las lágrimas y la pintura de los ojos echada a perder, cuando das puñetazos sin motivo a todo lo que aprecias, entonces, están ellos allí para abrazarte.
Y en ese justo momento es cuando más odias que no te dejen llorar tranquila y cuando más los necesitas a tu lado, para seguir llorando.

Desgana.

No estoy ahora para andar con peripecias
esquivando verdades
y esquivándote a ti.

Dulce angustia.

Un vértigo me ataca el estómago.
El asco.
El asco que me ataca, que hasta me quita las ganas de vomitarme.

Eutanasia.

Estuvo sufriendo como nadie lo había hecho. En silencio, con una sonrisa, para ahorrarse ese dolor... a ella misma
y a su amor
y a sus pequeños amores
y a la profunda fraternidad


¿No te parece que es mejor elegir la muerte?

sábado, 25 de diciembre de 2010

¡Mira!

¡Estoy enfadada!
Porque los sentimientos son un capricho. Y estoy aquí cargando con las consecuencias del maldito, ¡yo estas no las conocía! ¡Nadie me avisó! ¡Nadie, nadie, nadie!

Qué niña que soy a veces
cuando me enfurruño
y arrugo la nariz

(vuelvevuelvevuelve)

(socorro)

Hay cosas que no se van con dos palabras y media o intentar pensar lo contrario.
No.
Eso es engañarse...
Y estoy harta de mentiras. 

aún no me rescato
de lo vacío
de los pozos de mi alma

Dicen que somos otra explicación científica.

Pero yo sé que no. Que somos más cosas, muchas más.

Actos y pensamientos. Hormonas, instinto, sentimientos. Traiciones y verdades.
O equilibrios sobre la perfección, a veces.

¿Bailas conmigo sobre la cuerda floja?

Lo necesario,

Su amor,
o así llamó él a lo que supuestamente eran,
las tardes en el cine
las guerras caricias
los besos clandestinos
el secreto
el sigilo
la lluvia que atacaba desprevenida
las vueltas en coche
la timidez
los para siempre
él

Bipolaridad.

Me tengo el corazón de acero, caliente, infranqueable, forjado de valor y lazos (composición indefinible, pero fuerte...) Aunque, cielo, nadie vive con medio corazón. Al fin y al cabo, soy humana. No sé quebrar las leyes naturales para sobrevivir.

Siempre me quejo mientras fumo, y contamino mis últimos respiros de pensamientos amargos que me raspan la garganta.
Será cabrón, repito constantemente, con mueca disgustada mientras expulso suave el humo, con la cabeza del revés, apoyada en el brazo del sillón.
Me lo robó, el tiempo y media vida. Dale otro sorbo a ese poco vodka que queda en el vaso con hielo. Y al tabaco, también, olvida el espejo...

¿Cómo se olvida en dos días o en tres lo que hubieras esperado toda una vida? -me pregunto-. Otra decepción más a la lista, ¿o no? Él no me sirve de nada, ahora no. Estuvo bien la diversión, el morbo -respiro-. Qué pena que para mí fue un juego y amor. No, en realidad no. Me hace daño y me gusta. Yo soy la persona, la distorsión y mis sueños de crearme en perfección.

Pero me hace daño...

Yagas que no se curan.

El tiempo dicta su sentencia; y es que aunque no lo creamos capaz, resuelve los misterios y los milagros de la vida.

Cicatrices.

Son desagradables: traen malos recuerdos.

(sobre todo, las del corazón)
 y estropean, poco a poco, la perfección de la piel con la que nacimos.

Comercialismo se viste de neón por las calles de la ciudad.

No me gustan los regalos; ni las listas para pedirlos, ni las prisas para hacerlos. No me gusta que la gente sonría al abrirlos, ni tampoco que haga una mueca inexplicable para disimular que los odia. No me gusta ver docenas de "Papás Noel" en las tiendas, dándole caramelos a los más pequeños mientras mamá hace las compras, fundiendo sus tarjetas cuando fuera también está algún mendigo, que no tiene ni donde caerse muerto.
Sinceramente, aborrezco todo lo relacionado con ello.
Con ello, y con los villancicos y las luces de colores por todas partes, con esa felicidad tan poco sincera, con ese derroche de sonrisas hipócritas, de energía, de todo.

Venga, es Navidad.

Él es pintor de mis días,

Y es un completo artista. Pero los pinceles se ponen viejos y la pintura se seca, con el paso del tiempo, si no se renueva... 

aunque dependiendo 
de las circunstancias medioambientales 
tarda más o menos.

Es cierto,

yo también lo odio. Digo, eso de escuchar tu música preferida y estremecerme.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Polvo que vuelve al polvo.

¿Te acuerdas de ése fuego que me llenaba por dentro, de eso a lo que llaman amor? ¿Amor cada vez que te veía, cada vez que tu cara se tornaba en un gesto alegre, cada vez que nos hacíamos cosquillas, cada vez que nuestras comisuras se regalaban tibieza y dulzura sin ser Navidad?


Bien. Ese fuego, me quemó.
Y ahora quedan cenizas, que nadie quiere.

Dulce timidez.

A cien por hora, registra el velocímetro de nuestros corazones en cada roce, en las sonrisas que nos enrojecen las mejillas y nos llevan, con timidez, a darnos un beso.


Qué bonitos son los guiones 
de las películas 
que nunca podré grabar.

Así defino el amor.

Crónico y de larga duración, preferiblemente, toda la vida (si es recíproco... o quizá no). Sentimiento dirigido a las personas por las que darías todo.

Recordando diálogos en los que no intervine.


-¿De verdad que ya no quedan motivos para caminar sin mí?
-Únicamente uno, y es que algún día los tuve.

Pesadillas antes de Navidad...

que se cumplen.

¿Amigas?

Niña, sé que juntas podemos sonreír, sentir que no estaremos solas jamás. No quieras escapar de mí.
Sabes que yo no lo haría: te quiero.

Sentencia el último verso.

Espero que las palabras fueran sinceras en el momento en el que las dijiste.

(porque me muero de pensar que no)

jueves, 23 de diciembre de 2010

La antítesis fugaz.

Ella cogió el teléfono, y al recibir la contestación, en un segundo, su cara empalideció. Nosotras solo escuchábamos las palabras que le decía a la persona que estaba en el otro lado de la línea, pero no debía ser bueno.
-Sí, dime.
>>¿De verdad?
>>... Bueno, bien... sí. Gracias.

Fin de la llamada.
Nos miró, con los ojos cargados de un sentimiento que aún no lograba descifrar y bajó la mirada, completamente desgarrada, hasta que me dispuse a abrazarla y de repente levantó la cabeza con una sonrisa pícara, maliciosa, dibujada en los labios, enmarcada en un gesto de burla.
-Cabrón.

Y no lloro por otra cosa sino porque

Pienso que quizá el amor se vaya con las lágrimas.

Equilibrismo.

Quiero quedarme en el limbo, en esa línea que deambula entre la ficción y la fantasía, sigilosamente, regalándome la oportunidad de vacilar con la realidad sin ponerme a prueba. Quiero caminar haciendo equilibrios entre mis cuentos de princesa.

(me escapo de la realidad
y juego a ser la chica bonita de los suburbios)

La última carta, y no es para vosotros, Reyes Magos.


¿Me puedes dar uno? ¿Definitivo? Sin significar nada para ti, sin darle importancia alguna.
Es lo único que quiero ahora por Navidad, y es posible que lo último que te pida.

(pánico)


Me ataco por la garganta y avanzo en mis entrañas. Un paseo militar, bombardeos suaves, sutiles y hermosos como maripositas carnívoras...
que me devoran por dentro.

Bienvenido al vertedero del amor.

Mirando desde una cuna de pétalos, de buen olor a perfumes exquisitos, desde la inocencia, no es difícil ver el sufrimiento y notar que la vida apesta, por mucho que intentes disimularlo con tu mejor colonia.

(mentiras)

No digas que no me quieres, mejor, solamente di que no te gusto.
Es posible que suene un poco infantil, pero sería perder demasiado en una sola tarde y así me ayuda a quitarle un poco de importancia al asunto, ya sabes.
-Hay veces que todo da igual.
-¿Incluido yo?
-Sobre todo tú.

Bye smiles.

A lo mejor algún día me reiré de esto y de lo estúpida que fui, por ponerme así en vez de aprovechar cada segundo.

Pero ahora, y por lo pronto, parece que durante mucho tiempo, esos segundos que podría aprovechar se corroen conforme pasan, intoxicándose de un ácido que me duele, intoxicándose de pasado.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Bye forever.

El reloj de la estación da las siete y este será el último beso antes de partir.
A veces un adiós se alarga tanto que puede llegar a doler.

Esta vez, me estremezco y no es de frío.

Y es que a veces tengo unos incontrolables

arrebatos.


Arrebatos de abrazarte y besarte como la primera vez. Arrebatos de sonrisas, como las de los buenos tiempos que nunca abandonarían nuestros corazones. Arrebatos de quererte y que me quieras tanto como nunca pudimos demostrar. Arrebatos de cogerte de la mano y aguantarme las ganas de llorar, por sentir el miedo de que pudiera perderte alguna vez. Arrebatos de cosas bonitas, de cumplidos, de cariños que nunca cesarían. Arrebatos de caricias desnudas, sin secretos. Arrebatos de promesas, de ésas del dedo chiquitito. Arrebatos de susurros y de silencio, de miradas que lo dicen todo, solamente con el brillo de nuestros iris castaños. Arrebatos de uno, dos y tres y mil momentos que ninguno de los dos imaginaría vivir. Arrebatos de futuro y de libertad compartida. Arrebatos de lo que fuimos y de lo que hubiéramos sido, pero que nunca seremos.
Arrebatos de nosotros.

¿Has tenido suficiente? Quizá es que yo sea demasiado.

Soy bastante diferente, bastante a mi manera. Quizá eso también conlleve defectos, pero asegurarte puedo que soy fiel a mi palabra, a mis actos y a mis principios.

Nunca lo pongas en duda, es posible que salgas malparado.
Entre otras cosas, soy bastante testaruda, perseverante, como lo quieras llamar. Hasta el final continúo, y aún más. Consigo siempre lo que quiero.
Nunca me subestimes, es posible que te arrepientas.
Y hablando de arrepentirse, yo nunca lo hago. Todos mis errores son puertas cerradas que abren otras nuevas, y me encantan los cambios.
Nunca lo niegues, es posible que no te vaya bien.
Porque las mentiras son algo que odio, y no hay ojos ajenos que sepan ocultarmelas. Con una mirada soy capaz de saber si dices o no la verdad.
Nunca lo olvides, es posible que pueda meterte en un aprieto.
Y a la hora de hablar de venganza, me gusta tomarla con bastante hielo, y no te conviene ser tú el receptor de mi enfado.
Nunca seré predecible a tus ojos, es posible que no puedas fiarte de lo que ves en mí.
Mi educación y simpatía puede irse en un momento dado para mostrarte mi faceta más fría, más egoísta, la menos piadosa.
Porque es posible que te dé miedo esto, pero que sepas: yo nunca amenazo, solo te advierto...

Y el que avisa no es traidor.

A Reymond no se le resbala la corona.


Me gusta ser la reina atípica. Ésa que no tiene ejército, que se calza unas botas militares y se dispone a la batalla, aunque no le guste la guerra, pero es SU guerra, y nadie la librará por ella.
Ésa que tiene consejeros, pero que hace lo que le sale de la corona porque en su mundo es la autoridad.
Ésa que no cree en los príncipes azules, porque prefiere a un rey.
Ésa a la que no le gustan los tacones, porque no le hacen falta para estar a la altura.
Ésa que tiene una Constitución no escrita, con derechos y deberes que se refieren a su forma de vivir, a sus principios.
Ésa que no habla de sus leyes porque es posible que nadie las entienda.
Esa loca que puede tomar contigo el té, con modales o no de Sombrerero.
Ésa que destruye lo establecido, a la que le gusta ser totalmente desconocida y llamar la atención por la calle, que la miren con una chispa de envidia en los ojos.
Ésa que tiene una sonrisa por bandera y un himno a la verdad.

martes, 21 de diciembre de 2010

Carencias.

Odio ser tan inconformista, sólo por haber perdido a alguien como tú.
Sólo por haber perdido a alguien como tú....
¿Sólo?


No me quiero escuchar dentro de mí.

Del uno al seis.

Los dados aún están girando. ¿Cuándo decidirán mi suerte?

Pretérito imperfecto, simple.

Te sacudiste un poco y miles de partículas brillaron a tu alrededor, como una purpurina plateada, al desprenderse de ti.
Sonreíste. Tú también poseías esa magia.
Tú también tenías ilusión.

Buenos días, buenas tardes o buenas noches,

dependiendo de cuándo leas esto, pero espero que para ti puedan serlos.

Estúpida niña.

Hola, hola, holahola, holaaaaa, ¿hola?, ¡hola!, hola...


DÉJAME EN PAZ.

La perfección es efímera,

los sueños, también.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Resurrección.

Tenía una vida, para vivirla contigo.

Me quedan seis.

(si no me sigo suicidando con estos pensamientos
una
y otra
y otra vez)

Eternamente agradecida.

Llámalos aliento, ánimos o esperanzas. Llámalos luz, ilusión o algo así como sonrisas. Llámalos planes de disfrute, de vida y de inversión.
Llámalos pasado, presente y futuro.
Llámalos por su nombre, pero yo también los conozco por amigos.

Los príncipes de hoy ya no velan por las sonrisas.

Así que respira un poco y calma la agonía de tu corazón, princesa.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Similitudes del odio.

-¿Por qué dices que eres estúpida?

-¿Qué menos? Deseo cosas que nunca pasarán, quiero a quien no debo, me enamoro de quien no debo.
-Lo siento, no sé que decirte...
-No puedes, porque es una de dos: o soy idiota, o mi corazón está peleado con la razón, y vienen a ser lo mismo.

Las cosas no son malas en un principio,

lo son cuando se acaban.

Y me vengo a dar cuenta ahora.

Es curioso el grado que alcanza la estupidez humana, pero en concreto, la mía, que es sobrehumana.

Nos odio.

¡Ah! Qué mentira, qué mal mientes.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Echa en falta un capitán en esa frase.


¿Será este el Jack que conocemos o sentiremos esas ganas de saltar?

viernes, 17 de diciembre de 2010

Londrex nox expera!

Algunos son adictos, adictos al juego. Ludópatas que gastan, por ansias de más. Pero los entiendo: sin riesgo no hay éxito. Sin embargo, creo que esta vez, nuestra apuesta tiene la jugada ganadora.


Te quiero.

Dry heart.

Voy a vaciarme las venas. Serán simples conductos de aire esperando a ser rellenados de magia otra vez.

¿Por qué lo hago, dices? Quiero acabar con su olor: el que corría por mi sangre, con sus manías, con sus detalles, con sus besos y con el miedo y el dolor.
Lo quiero fuera de cada latido, y solo tenerlo en un huequito de mi mente, como otro pensamiento, una simple sinapsis surrealista que lo traiga a mi presente sin consecuencias, pero pudiendo cambiar de tema.
Sin embargo, en los sentimientos no se puede "cambiar de tema", y sinceramente, no quiero que venga y vaya, como si de una montaña rusa se tratase.


¿Te acuerdas de aquellos rascacielos que derrumbaron? ¿Aquel proyecto al que llamamos "nuestro"? Me pasearé por la zona de vez en cuando, pero cuando se hayan retirado todos los escombros.

Another zombie in love.

Me da igual tener valor o no para afrontar la verdad, pero que me la muestre rápido: yo también quiero mi vida, para mí.
Seguiré enamorada de él en soledad, pero no le impediré que sea feliz, y tampoco me pondré a llorar como una idiota; que sea feliz, aunque no sea conmigo. ¿Que se muere? Vale, está bien: así no sería el único vivo de los dos. Aunque no le deseo que lo haga lenta y dolorosamente, como me hizo pasar los últimos segundos de mi existencia.


Zombie, comedora de corazones en vez de cerebros.
(sólo busco reavivar el mío)

Se parte, mi corazón se parte.

Ya no hay más capítulos.
Adiós, queridos lectores, siento haberos dejado a medias, pero el protagonista parece que se ha rajado al ver que podría haber sido algo grande, muy grande.

Crack.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La acusada se declara...

CULPABLE.

Culpable de tener sentimientos, que le hacen padecer flores congeladas y ardiente miedo, con cada una de aquellas sonrisas que el testigo le regalaba.
¿La condena?
Su cuerpo sigue vivo, es suficiente castigo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Closed dreams.

Tú no entras en mis sueños.
Mi corazón está cerrado, por obras de derrumbe: aquellos altos rascacielos que eran nuestros nunca resultaron rentables.

Me gustan más los dúplex, lo siento.

lunes, 13 de diciembre de 2010

The kiss of victory.

La sensación de la victoria aún se degusta en mis labios, tras los gritos de emoción lanzados a toda velocidad con cada impulso del diafragma, haciéndolos derrapar por mi garganta, dejándome sin aliento y sin voz.

Se desgastan mis cuerdas vocales al son de mis saltos en la pista, al son de mi felicidad, y siento cómo se me bajan los calcetines y vuela mi falda.

Ganamos.

Ven a probarme, ven a probarla.
Prometo que te gustará.

Ella ya prepara su pañuelo.

Parece que hay miles de kilómetros entre ellos, aunque esté a su lado. Parece que pretende embarcarse en un viaje largo, dejando a la joven enamorada esperando en el muelle, pero está indeciso.
¿Se alejará, dejando tras de sí, indescifrables mensajes en botella?

domingo, 12 de diciembre de 2010

Facetas insalvables.

Las personas somos como un cubo de Rubik, ¿no crees?

Hay que ser pacientes y dar muchas vueltas hasta encontrar con su forma para conseguir perfilar cada una de sus caras de colores.

Quizá, te das por vencido antes de acabarlo, dándolo por imposible, por anárquico en la manera de actuar, que lo hace absolutamente incomprensible.

¿Tú te molestarías en resolverme?

sábado, 11 de diciembre de 2010

Chin-chin.

Tomemos unas copas, ya sabes, para romper el hielo y que no te de vergüenza contarme un poco de ti, lo que te gusta; que puedas reír conmigo, y no te moleste que te diga tan sincero lo que pienso sobre ti, y tu preciosa sonrisa; que me digas cómo prefieres hacer el amor...

Reflexiones de una tarde de alcohol.

-¡Hola! Soy yo, de nuevo -dijo ella, encendiendo un cigarrillo. Empezó a fumar y prosiguió-. Pero esta vez he venido a decirte que hoy me he dado cuenta que no me haces falta ya, que no quiero recuperar los planes que habíamos hecho; que me lo paso bien sin ti, sin vivir a todas horas por ti, sabiéndome correspondida; que no extraño el hablar y el estar contigo; que no me hace falta que tus sonrisas ya no sean para mí, porque las mías ya tampoco te las dedico... creo.

>>Bueno, también creo que necesito otra copa. Es que empiezo a delirar cuando recuerdo que fuiste más que nadie, aunque ahora... Eh, mm... ¿Tienes algo para tomar por ahí? Prometo compartir, si quieres.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Sabores ajenos.

Eso de llamarlo perfecto es un total insulto: se nos queda demasiado corto, ¿no?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

¿Seguimos escribiendo?

La tuya y la mía son dos historias que comparten un par capítulos, dos sonrisas en silencio, dos miradas que tienen la luz de la noche, dos manos que se funden en caricias, dos respiraciones perfectamente rítmicas y acompasadas y dos corazones que se aceleran.


Los lectores se han quedado con las ganas.
¿Les damos un tercer capítulo y más?


08/09/10

domingo, 5 de diciembre de 2010

Picardía.


La suerte.
Siempre la culpa para esta pobrecilla invención de la estupidez del hombre.


No es una buena o mala racha, es porque lo hiciste bien o mal.
Y tengo matrícula en la asignatura de vivir


(aunque siempre fui de ésas
de falda ligera;
siempre sentada en la cadera del director)

Vivir...

Contigo, difícil. ¿Sin ti?
I M P
O S I
B L E




Te echaré de menos, amor mío.

Cuidar de las estrellas puede ser un buen castigo.

Es maravilloso observar todos esos deseos fugaces en la infinidad de la noche, ver cómo nacen y cómo se apagan.

Quizá ellas sean sueños, que se escapan por tu ventana cuando estás, estoy, estámos dormido.

Oh, ¡mírate! ¡mírate ahí! mi preciosa supernova...

Reversible.

La respuesta podría ser... (quizá) no preguntarse el porqué.


aún somos libres de elegir si queremos contestar
o no

Te tarareo.

Conozco mil canciones que te hablan. Que te dicen, que te nombran y me atacan
estúpidas...
¡creen que me pueden vencer
cuando solo
me pueden ganar...

Batalla de sábanas.


Es un contra todo, y me canso de perder una batalla tras otra.
Creo que acabaré regalándote mis banderas bragas blancas.

(adiós)

Rociar con gasolina y lanzar una cerilla encendida.
Mirar atrás por un segundo, dedicar una sonrisa y echar a andar.

(niña, nunca subestimes la fuerza del viento
y el sabor de las cenizas)

Ventrículos vacíos de valor.


El corazón late seguro de sí, tranquilo, y prosigue con un intervalo que vacila entre la vida y la muerte. Realmente no sabes si dará otro impulso o parará en ese instante. Pero debes confiar en que lo hará. ¿Piensas vivir cada segundo con miedo? No, yo siempre desconfío y tampoco le tengo miedo a morir. 

Quizá lo haga y te deje vivir
o morir conmigo.

Por algo se le llama nudo.

Toda historia tiene un principio y un fin, pero nunca sabes las vueltas que pueden darse en cada página, y a lo mejor, un personaje secundario toma el papel protagonista.

Bicarbonato y bisturí.

¿Acaso hay algo que se merezca ocultar tu sonrisa? Esta sonrisa, esta sonrisa mía es un modo cordial de fingir. Otra mentira de la colección. Pero ellas nos ayudan a sobrevivir. La vida no tendría sentido en su ausencia. Sin las mentiras, mi vida, la vida gris que se agota y pelea contra un ejército de muerte sería un disparo y no el veneno de las copas (aún me cuesta deducir qué es mejor). Pero yo podría entrenar a este cuerpo nuestro, solo tienes que dejarte proteger...
Un viaje de miles de kilómetros comienza con un paso.
¿Quieres darlo conmigo?

(quién se hubiera imaginado que, a los pocos meses de caminar
se nos habrían roto las rodillas)

Inoportunidad.

-¿Qué ha pasado en tu vida? ¿Qué ocurre para que sonrías de esa forma tan especial, para que disfrutes cada suspiro?
-.

Tú eres la sonrisa especial, el suspiro enamorado, la vida.
(y te has ido)

Que el silencio sea otra forma de hablarte cada noche

Para que los susurros conviertan las sonrisas en te quieros.

Cada segundo huele a ti.

Y lo recuerdo como el mejor perfume.
No es que todo lo que veo me recuerde a ti, 
es que te recuerdo en todo lo que veo.

(nunca)

-¿Y si ahora soy yo la que no quiere verte? ¿Y si yo no quiero ni oírte siquiera como un ruido de fondo? ¿Y si no quiero pensar ni en ti ni en nuestro ayer?
-¿De verdad que puedes, preciosa? -dijo impasible, casi burlándose, y sonriendo tan absolutamente glacial y atractivo que caí de nuevo en uno de sus besos.

Ven.

Tú y yo, la velocidad en la cara, el olvido del ayer, el empezar otro día totalmente diferente 

(nunca parecido al anterior)
Escapémonos, huyamos de aquí. Escondámonos por un momento, juntos, de esta realidad que nos atrapa entre las rejas de un mundo sin salida.

Sé mi forajido, (Clyde),                 .
prometo ser tu dulce Bonnie
Niña, yo sé tu secreto. Yo sé que no, que no hablas del presente porque tienes miedo a olvidar el pasado...

¿Es así de intensa la pasión que se impulsa por nuestras venas?

Entre la respiración sonora –apartando el eco del aire al entrar y salir de los pulmones– descubría tus latidos a cien dentro de tu pecho, casi podría decirse que golpeándote las costillas, pidiendo más adrenalina en las arterias... casi tanto como a mí.

Entornos.

Y de nuevo, una sensación recorre mi cuerpo, volviéndome una completa incrédula.
Pero esa desconfianza desaparece en el momento en el que me separo de tus labios un segundo y aún siento tu respiración entrelazándose con la mía, pidiendo más ficción realista, esa que puebla mis fantasías de estar despierta.

(qué malas pasadas nos juegan los sueños a veces, ¿cierto?)

Mis ochocientas noventa y una mentiras de vida.

Encontrarte en cada carcajada, o en la sonrisa que viene después de una lágrima de emoción, porque tú, hoy, como hiciste ayer, eres el principal motivo para asegurar que vale la pena estar aquí

o mejor allí
contigo
(con nosotros)

Palabras que se escapan.

Muevo los labios y dejo huir a los sentimientos que se encontraban encerrados; libero a los esclavos del dolor y la angustia mientras gasto la tinta azul de mi pluma y susurro lágrimas escondidas en palabras de agonía.

Y entre la Desesperación y la Locura, la Impotencia se encuentra agazapada, tiritando en una esquina de la frívola mente en la que se encuentra, pero aliándose con las sensaciones más amargas, convirtiéndome en el próximo blanco de su malvado plan.

Veo senderos vallados, lugares prohibidos, restringidos, que no debiera atravesar. Pero ¿debiera elegir lo no deseado sólo por comodidad? Y la Impotencia, con su objetivo concretado y refugiándose en su gabardina, me apunta con el revólver cargado de crueldad, dedicándome una sonrisa irónica bajo su negro sombrero.
No, no me matará, pero herirá mi orgullo, quizá, gravemente, como hace siempre que aparece. Soy un entretenimiento para ella: me deja sufriendo, pero no me deja calmar ese dolor para siempre. No puedo decir que conozco a su mafia, pero sí que tengo bastante trato con ella, y ninguna de las veces ha sido un encuentro agradable. Pero parece que voy cogiendo su juego y parte de las reglas, y una de ellas es atacar cuando más débil se encuentra el enemigo, es decir, yo.

Ahora, esto no es más que otra de mis muchas pesadillas, pero me inquieta más que las demás con diferencia. Quizá es porque la importancia que le doy a lo que ansío pesa más que cualquier otra cosa. Quizá, es que estoy perdiendo la práctica; la fuerza de voluntad para luchar; la seguridad de que me vendaré los daños y me volveré a levantar, magullada, pero creyendo en mí.

No sé qué pasará mañana, no sé si volverás a ser parte de mi realidad o de mi ficción, y tampoco sé si podré averiguar los nuevos planes que esa atractiva dama tiene preparados para mí. Pero de algo sí estoy realmente segura, y eso ni ella ni nadie podrá boicotearlo: te quiero, te quiero tanto y más de lo que lo hice ayer.
Y ya sólo me queda decir algo más: que esos caminos que veo tan arduos y enrevesados no lo sean en realidad, que todas esas grandes piedras que obstaculizan el terreno no sean tan difíciles de esquivar y que los espinos que de lejos se ven, no sean más que rosales esperando florecer. Y que no lo sean porque no estás al final de ese camino, sino andándolo conmigo. Porque ese camino puede compararse con la vida, y yo quiero andar la vida contigo, en los tropiezos y en los tramos fáciles, pero sabiendo que estarás cogiéndome la mano en todo momento, como haré yo, si me lo permites.


¿Quieres casarte conmigo?

Arriesgar es un paso imprescindible para conseguir

Y yo, lo di (TODO).

La objetividad no existe...

Bueno, sólo a veces, escondida en la imaginación.

Inventos sorprendentes, prácticos y originales.


Los sentimientos. 
¿O no?
Al final, siempre te los terminas por creer... y por vivir.
¿Y sabes qué? no me disgusta

Sigo engañada o hechizada
(tu sonrisa)

(Winter Smiles) in Paris.

Se huele a mañana fría, con café, con cruasanes.
Paseos y avenidas. Hierba verde mojada de la humedad de la madrugada.
Ciudad del amor.

Y tengo entre mis dedos...

... un trocito del paraíso.
Odio las excusas, odio las mentiras, pero sobre todo, odio las promesas.

(aunque ya sabes, a veces lo que odio no es por odio
sino por MIEDO )

¿Se acabó la fiesta?

Confetis de colores se deshacen entre mis manos con aplomo

y me deshago yo.

Me he vuelto una oquedad de la vida. Cada vez más vacía.
Que sin ti, me quedo en cuerpo
roto
viciado
escaso

INNECESARIO
Entender una misma lengua no nos hace hablar un mismo idioma.
Tendremos una noche en la Luna.
Una noche ingrávida para rozar las estrellas y el infinito con la punta de los dedos del placer. 

Válvulas que dejan de funcionar.

Hace días que tengo la mirada perdida, humedecida con un brillo de nostalgia, de necesidad y es posible que también desesperación, pero ya no lloro. 
Ya me he acostumbrado a no dormir, y tener un débil color morado debajo de mis párpados de forma permanente, como un vicio. 
Mi oscuridad interna ocupa todos mis sentidos y detiene todos mis órganos y sus funciones. Ya no como, y si lo hago, vomito. Respiro, y cada vez que el aire roza mi garganta me encojo de angustia. Igual pasa con cada latido. Y con cada golpe de corazón, me siento un poquito menos viva. 
Estoy temiendo quedarme tan delgada que mis piernas no puedan soportar mi cuerpo y tan frágil que me pueda romper cualquier emoción. 

A ver si vuelvo a la inhumanidad que me caracterizaba 
y me recupero un poco.

Compartirlo, contigo.

-Si no quieres hablar, te callas, pero me escuchas, y dejas paso a mi apasionante e insólito monólogo de sensaciones esbozadas con la timidez de un lápiz suave en cada una de las palabras recitadas en mi discurso.
-¿Y si con esta intervención quiero convertirlo en un diálogo recíproco en el que solo participásemos tú y yo?

Meow.

Estilizadas figuras negras se deslizan entre las sombras, huyendo de aquellas farolas que parpadeaban de vez en cuando.

Cuidadosamente, se colaban entre los edificios, vacilando con sus largas colas en los muros.
Con sus zarpas almohadilladas, desfilaban grácilmente en los tejados, mientras sus ojos verdes, amarillentos y azules centelleaban de esa forma tan irresistible que me obligaba a observarlos absorta hasta que desaparecían entre los coches.
Pero uno de ellos se quedó conmigo. Tenía los ojos oscurísimos, prácticamentenegros, y me miraba con decisión, valor y astucia, podría haber jurado que con un brillo que se alejaba del mundo animal.
A lo mejor había decidido ser mi compañero de brujerías. Chells tenía razón: no tenía que buscar yo al gato, sino que él vendría a mí.
Me agaché y le acaricié la cabeza. Hubo un chispazo en el contacto y el pequeño minino empezó a crecer y a erguirse, su pelaje azabache se convertía en unas ropas del mismo color y una sonrisa se curvaba con un toque de picardía en el rostro humano que había adquirido el felino. No pude decir nada al respecto; simplemente, estaba paralizada por la incredulidad.
-Meow. ¿Me echabas de menos?

¿De verdad era él?

Recuerdos.

Con el tiempo, sean meses, años, por algún hecho casual o no tanto, son rememorados como un flash. Una foto escondida dentro del libro de tu biografía en el que cada capítulo es un día vivido junto a los tuyos. Un libro que contenía unos capítulos que creías olvidados.


(por cierto, me he acordado de mi pulsera en tu muñeca.
JULIO12 )

I've got an idea!

Saldré corriendo de aquí. Cogeré el abrigo, algo de dinero, papel y lápiz y, por su puesto, mi guitarra.

Entonces nada, nadie podrá detenerme.
Porque, ¿quién le parará los pies a una enamorada de la música?; ¿quién le dirá que no puede huir del ruido de los demás para crear su propio ruido, el ruido que ella quiere oír?
Y yo, inundaré el entorno con mi ruido, turbando el ruido de los demás con mis sonidos, más llamativos, más fuertes, más vívidos.
Sonriendo para mí, disfrutando para mí. Así de egoísta.
Pero discutiendo conmigo misma, se me ocurrió una idea, una idea que deriva en una proposición para ti, porque creo que vales la pena, que no será un desperdicio de tiempo, que me, nos gustará a los dos.
Adrián, ¿quieres compartir tu ruido conmigo?:)

Siempre presos en nuestra supuesta libertad.

Eso a lo que tú llamas libertad, jamás lo alcanzarás.

Dices que un pez en una pecera está preso, suéltalo al mar, y su pecera aumentará de tamaño, pero quedará atrapado en esa sustancia que está unida a su vida.
Dices que un hombre en la cárcel está preso, cuando cumpla su condena estará encerrado en un mundo del que no puede escapar.
Y tú, tú mismo dices que eres una persona libre, ¿pero es que nunca has pensado que vives en un lugar en el que eres un mísero humano en un planeta pequeño, en una galaxia pequeña de un universo infinito... pero que no podrás explorar jamás?
Hay gente que siquiera descubre lugares de este diminuto planeta en el que habitas ¿y tú hablas de libertad?
Lo mires por donde lo mires, estarás siempre preso aquí, en este mundo corrupto y anárquico en el que habitan seres ansiosos de poder y tan sumamente egoístas que tienen la necesidad de matar a otros para conseguir su propósito.

¿Tan débil como siempre?

Cuando mi voz no suena convincente y tiemblo, cuando necesito el calor de tus abrazos, cuando las lágrimas están a punto de brotar de mis ojos, es cuando menos te quiero ver.

¿Sabes por qué?
Porque así aprendo a fortalecer mi voz y mi valor, el frío me endurece la piel y mis lágrimas son capaces de cortar el cristal.
Y hoy, ahora sé que eres prescindible.
O eso intenté creerme...

Una película que no llegaré a filmar.

Y es que cuando te imagino desayunando junto a mí algún sábado de nuestras vidas unas tostadas con mermelada, aún sin peinar, despistado, inocente... me derrito como azúcar dentro del amargo café que hoy compararé con la vida.

Me gustan los imposibles porque son como una película, hoy, la película que quiero rodar yo misma pero que nunca me tocará vivir.
Pero dejemos de volver a la realidad. Imaginemos ahora un lunes, con prisas, con la resaca de los besos del domingo, con ganas de más tiempo contigo. Soñemos con nuestras noches, con el cariño, con las caricias. Fantaseemos con una flor en San Valentín y con los paseos por el parque de la mano. Maravillémonos con pensar que correremos por la playa, por la orilla; tú persiguiéndome y yo huyendo entre risas de ti; maravillémonos con pensar que me atrapas con cariño, que me besas en la cabeza. Anhelemos dormir sobre la arena fría, cubiertos de estrellas, de sueños fugaces, entre ellos, el de visitar como visitaremos París, Venecia o Madrid, la Luna que tan lejos nos queda. Imaginemos que podemos recordar cómo fue aquel primer saludo tímido, cómo nos mirábamos, cómo parecíamos estar tan enamorados como lo estaríamos ahora. Tengamos el presentimiento de que si algo cambia, sólo será para bien. Evoquemos esos desastres de cocina en los que estarías tan gracioso con la nariz y tu pelo negro llenos de harina; pero no nos olvidemos de cómo lo arreglarías con tu encantadora sonrisa y un beso con el que no me dejarías decir ni una palabra al respecto, aunque, la intención de preparar algo para mí sería lo que contara, ¿no? siempre adoraría esas locuras tuyas. Figurémonos que nos olvidamos de cualquier pelea tras mis lágrimas y en el abrazo del que yo intentaría escapar, pero que siempre acababa sofocándolas. Ideemos unos anillos que significan un verdadero para siempre. Soñemos con que esto no debe ser un sueño porque será una realidad.

¿De nuevo por aquí?

Octubre ha entrado en la ciudad de Londres tan puntual como sus habitantes. Me asomo al balcón y el sol me calienta la piel. 

Noto una brisa fría en la cara, y me recuerda el día en el que te marchaste, porque me acariciaste las mejillas con los dedos helados. 
Me estremezco. Tú, otra vez por aquí, en mis recuerdos. Parece que ese aire que se lleva las hojas me susurra tu nombre en su ulular, que te hace regresar a mi vida y con ello, te incorpora también a mi sonrisa, que ahora es tan vacía, tan poco sincera, que incluso me da pena. Le faltas tú, le faltas tú y todos esos paseos por Hyde Park, por las avenidas, esos desayunos de magdalenas y café, le faltan tus locuras de Sombrerero en la hora del té, le falta ese sabor tuyo en los labios. 
Como tantos otros días, asomada al balcón, mi subconsciente es capaz de imaginar que vuelves a por mí, y escucho tus llaves girando el pomo, pero ya no me inmuto. A veces, incluso, puedo percibir la corriente que se crea al abrir la puerta y cómo se escuchan tus pasos llegar silenciosos hacia mí, como los oigo en este momento. Pero no había conseguido esperanzarme tanto como para notar tus manos abrazarme la cintura, y tu barbilla apoyarse en mi hombro, sintiendo ese calor tan tuyo que me reconforta, ni había logrado sentir tu respiración en mi cuello… como está pasando ahora.

sábado, 4 de diciembre de 2010

La rosa de San Jorge.

Flechas que atraviesan corazones y ropajes teñidos de sangre. Armaduras de plata que blanden espadas con destreza furiosa, resonando en el choque de metales, algún cantar de gesta. Leyendas de escamas de dragones y abrasador fuego volador alimentado en la garganta de algún reptil alado. Princesas vestidas con sedas, esperando ser salvadas por un caballero del cuento de nunca acabar. Trovadores por las calles de la ciudad recitando las nuevas sobre las guerras de su majestad. Bufones en la corte, danzando entre saltos, haciendo sonar los cascabeles que rematan su sombrero. Condes, marqueses, duques y banquetes. Noches de bailes, amores prohibidos.

Cuentos, de hadas en paro.
Un poco de siglo XIII, un poco de Historia.

His perfect girl.

Su melena dorada y lisa caía por sus hombros y espalda. Los mechones más largos de su pelo picado alcanzaban más de media columna.

Un flequillo recto se colocaba ordenado sobre su frente, cubriendo las cejas, pero sin permitir ocultar sus ojos que, verdes como ningunos, atraían a los valientes curiosos que se atrevían a sostener su mirada. Unas rubias pestañas envolvían y destacaban estas esmeraldas. Esmeraldas. Una definición que se ceñía a la realidad y describía correctamente el valor de sus ojos: el de gemas.

Y bajo esos luceros de tonos –en ocasiones– marinos, resaltaba su nariz, pequeñita y coqueta, que transmitía dulzura e inocencia, y recreaba, inconscientemente, aquellos momentos alegres y despreocupados de la infancia.
Exceptuando alguna que otra peca que poblaba sus sonrosados cachetes, esos que le daban aspecto aniñado a su rostro, su tez pálida como la porcelana era uniforme y suave, totalmente deseable.
Su cara, realmente, inspiraba admiración, pero al encontrarse mi mirada con sus carnosos y sensuales labios –que al separarse me regalaban la oportunidad de vislumbrar una preciosa y blanca dentadura– perdía cualquier intención de quedarme quieto, observando su inmejorable figura, dibujada tras sus ropas ajustadas, que permitían imaginar a la perfección sus prominentes pechos.
Y más allá de su fina cintura, se hallaban sus piernas, delicadas y gráciles, atractivas, tentadoras.
Ella, mi musa rubia, la joven que parecía sacada de un cuento sin final se convertía en alguien prácticamente de ficción por ser tan celestial creación de la naturaleza. Todas las gracias estaban en armonía en ella, provocando que se disparataran mis hormonas en cada sonrisa, con un dulce guiño o con una simple mirada de sus apasionantes ojos esmeraldas.


Escribía sobre una chica realmente increíble, y no era yo.

Una lágrima recorrió mi mejilla, mientras mi corazón de cristal estallaba en mil pedazos que se clavaban en mi piel y me hacían sangrar.




No... ella nunca podría ser yo.

Deseos de jabón.

Voy a contarte una historia. Una de esas en las que te das cuenta de que es más que un simple cuento infantil.
Trata de un mundo no muy conocido, lleno de ninfas de las aguas y bosques de luz, en el que se adentró nuestra protagonista: una joven chiquilla que se perdió entre la espesura de su imaginación.
En ese lugar tan fantástico, todos los anhelos e ilusiones se guardaban en burbujas de jabón, delicadas y pequeñas, de brillos violáceos y olivas, que eran custodiadas por las náyades en un entorno fresco y lleno de paz, en el que había un pequeño salto de agua que acababa en lago. Y flotando redondas sobre este agradable lugar, destacaba una por su tamaño, con gran diferencia. La muchacha se acercó sutilmente a esta y leyó para sí el interior de la burbuja y el nombre del que lo había formulado.
Conmovida, quiso acariciar la esfera transparente, sentir la fuerza del deseo, del deseador, y antes de que las efídriades pudieran detenerla, explotó la pompa en miles de partículas de la cristalina sustancia.
Arrepentida de su fallo, se lamentaba y pensaba en cómo podría recuperar el sueño perdido. Pero lo que no sabía ella era que no estaba roto, que esas palabras firmadas con ansia se habían escondido bajo las aguas del estanque, como las monedas de la fuente de una plaza, esperando a ser recordadas, recuperadas.

Quizá esa ilusión era la tuya, quién sabe. A lo mejor, tú eras el que había deslizado la pluma con tu nombre bajo ese querer.
En ocasiones, parece que todo lo que habíamos querido tener, desaparece chocándose con la cruda realidad, pero tu corazón es como aquella fuente: llena de deseos que se oxidan con el tiempo, pero que no se quiebran, que permanecen allí.
Nunca olvides una ilusión por imposible que parezca.

Vida en aeropuertos.

Digamos que estás en un aeropuerto, esperando que llegue por fin tu vuelo. Escuchas música.

Aviones y aviones no paran de llegar, de salir.
Hay ruido, mucho ruido. No oyes más que retumbar de fondo en tu cabeza el movimiento de motores. Te cansa ese mismo sonido continuo, te aburre.
Pero te encierras en tus cascos. Te escondes en las melodías, en las canciones, en sus letras, porque no quieres saber nada más que lo que esperas tú.
Pero tu avión parece que se pierde por el camino, que tiene un accidente. Te da la impresión que aterriza en el aeropuerto equivocado, de que no llega.
Te cansa esperar su retraso. Buscas vuelos secundarios, pero todos están ocupados, llenos.
No hay salidas. Estás atrapado en tu aeropuerto.
Pero te das cuenta de que tarda tanto porque perdiste el avión. Uno tras otro. Las oportunidades de salir de allí las desperdicias porque pasas más tiempo lamentándote de la tardanza que pendiente de que llegará.
La vida es como un aeropuerto. A veces, aparece tu vuelo, a veces, hay que hacer escala para llegar a tu destino, y otras, lo pierdes sin darte cuenta.
Hay ocasiones en las que paree que se cierran las puertas. No puedes salir, no puedes entrar, no puedes escapar. Pero... ¿no eres esclavo de tu vida?, ¿no necesitas abrir salidas? La vida se te llena de nuevas opciones cuando compras un determinado billete, pero se te van otras. Hay que saber distinguir las actuales ofertas y olvidar las que se caducaron.
A veces, la gente que aprecias elige vuelos que los alejan de ti. Otras, conoces gente que estará en el mismo avión que tú. A tu lado.
Debes seguir las indicaciones del billete que tú compraste, que elegiste...
Pero a veces no está mal colarse en el equipaje de otro, ¿no?