miércoles, 2 de junio de 2010

Despertando.

El cielo explotaba en una luz fucsia y anaranjada, que se dividía en una inmensa gama de colores que aparecían entre las nubes, que se colaban entre las masas de vapor de agua filtrando un arco iris en ellas, que flotaban sobre el calmado mar, reflejadas en él. Manchas blancas, difusas en el horizonte. Barcos con un rumbo, con un fin, sin vocación propia. Manejados como títeres, por un capitán.

Las estrellas, puntos brillantes lejos de la línea del ocaso, en lo más oscuro de aquel cielo, aún desprendían los últimos destellos, con sus últimas fuerzas, pero aún resplandecientes. Y con el canto de los grillos de fondo, era como si observara la mejor película, con esa música celestial acorde con la escena.

Estaba amaneciendo.

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